sábado, 23 de octubre de 2010

Estrategia en el sentimiento

Creo que una cosa que diferencia a las personas que consiguen el éxito de las que no, son la frialdad en sus decisiones. La planificación. La consciencia. El análisis. La estrategia. La valentía. La coherencia. El egoísmo.

Esa forma de apostar en la que cada paso que se da se realiza por algo. Aunque ese algo aparezca posteriormente en el plano de la consciencia. Esa forma de potenciar las capacidades a través del prisma de la estrategia. Esa forma de conectar lo que uno quiere, lo que uno tiene y lo que el mundo le ofrece y necesita.

Admiro esa capacidad. Y la venero en muchas de las figuras que me rodean, aunque ellos no lo sepan. Intento empaparme de ella. Tira de una parte de mí que a veces aparto para evitar esa autoexigencia que a veces me surte de psoriasis, de estrés y de logros (satisfactorios pero progresivamente insuficientes). Tiran de la parte más racional, más calculadora y más inteligentemente práctica. Creo que esa quizá sea la parte que marque la diferencia entre ser un trabajador mediocre (mileurista o no) o ser un profesional emprendedor con éxito.

Lo que muchas veces me pregunto es si esa parte será también la que marque ese paso entre casarse con un buen hombre o seleccionar al hombre de tu vida.

Esa racionalización, ese cálculo, esa estrategia, ese egoísmo y esa coherencia a veces se vienen abajo cuando se trata del corazón. Las decisiones emocionales ya no se mueven en ese plano. Y ese CI, ese analismo y esa consciencia a veces sirve tanto como una termomix en una tienda de campaña. Como una nevera en el ártico. Como un cascabel para un gato de escayola.

A veces me me frustra. Me jode. Me revienta.  Porque no sé si es una cuestión de género (a la mujer nos puede el sentimiento?), de debilidad personal (no soy lo suficiente valiente?) o de principios (podemos vivir la vida dejando a un lado lo que nos dictan los sentimientos?).
Lo cierto es que admiro a esa gente que sabe lo que quiere, que sabe cómo conseguirlo y que lo lleva a cabo. Y no sé si Bill Gates o Ray Kroc así también en el plano relacional. Es decir, esa capacidad de tomar decisiones difíciles, sopesando ganancias y pérdidas, jugando siempre con las mejores cartas o tirándose en condiciones un farol, la aplican a la hora de marcar su camino sentimental. Dejando a un lado los panes para hoy y hambre para mañana.

Hago un esfuerzo por cerrar los ojos imaginándome a Bill peleándose con su mujer en plan calzonazos. Intento visualizar a Kasparov pasando los días al lado de una jovencita que ha ido a parar a su lado sin ningún árbol de decisión previo. Veo a Eduardo Punset contra sus sentimientos mirándose al espejo intentando aplicar todo ese maremagnum de teorías a su vida amorosa.Y no estoy segura de lo que puede haber detrás de los muros de su casa. Detrás de los muros de su cerebro racional. Detrás de su éxito profesional. Detrás de su recorrido.

Y no sé si se tratan de reglas que mandan sobre lo mismo. No estoy segura de que una misma filosofía enraice esas áreas. No estoy nada segura de que uno pueda aplicar esas herramientas a todo. No estoy nada nada segura. Y lo dudo tanto que vacilo a la hora de ser valiente y que mi camino esté tan calculado. Tan analizado. Y sea tan consecuente. No sé si es una cuestión de cobardía o de valentía. No sé si el apostar por lo que se siente a pesar de que los datos te frenen es de miedicas o de lo contrario. No sé si el jugar con cartas buenas sólo de corazón es infantil o simplemente honrado…. No sé.

No sé si elegir a alguien porque me tira la entraña es tan irracional como primitivo. No sé si seguir la inercia de la piel me empuja hacia el vacío de la incertidumbre. Hacia el abismo del fracaso. No sé si sería más inteligente considerar los factores que incrementan las posibilidades del producto de la potencia de la raíz cuadrada de la satisfacción en pareja. Pero me debato siempre entre los cosenos de la raíz cuadrada de todas esas claves… o mandar a tomar por saco la calculadora y mover el rabito como un perro con su felicidad inmediata.

miércoles, 6 de octubre de 2010

unir los puntos

Recuerdo muchas veces las palabras de Steve Jobs. Los puntos en tu vida a veces sólo pueden unirse una vez recorridos. Yo siempre he tenido facilidad para ver ese camino. O inventármelo. Creo que soy de las llamadas optimistas empedernidas. De las que le intentan encontrar un sentido hasta al hecho de pisar un pipí de perro. De las que creen en el destino. El destino que uno crea. El que uno escribe sobre unas líneas ya esbozadas… sin saberlo. El destino y la fuerza.

Pues eso. Que yo soy de las que cuando al coche se le pincha la rueda da gracias al cielo por no haber tenido un accidente. Que cuando se le pierden cincuenta euros piensa que mejor eso que perder la tarjeta. Que cuando pierde el tren piensa que en el siguiente puede que encuentre al hombre de su vida… De las que ve señales donde quizá solo haya suerte. De las que veneran la serie Lost. Y de las que por ello todavía aún brinda por Jack.

Hace dos semanas lidiaba contra mi intolerancia a la incertidumbre laboral. Me autofustigaba a golpe de clic sobre ofertas del infojobs. Rasgando mi currículum invocando los miles de euros invertidos en él. Planeando ahorcarme con las típicas medias tupidas de entrevista de trabajo. Y preguntándome una y otra vez (como dijo un alguien a quien admiro) por qué soy un Cristiano Ronaldo jugando en tercera regional.

En tal momento crítico, una no sabe si mañana será diputada, quizá puta o el p lastre de la jubilación de sus padres. No sabes si eres la futura Amancia Ortega o un potencial concursante de gran hermano. Te debates entre montar tu empresa o poner copas en un bar hortera. Joder. Yo sólo os diré que escribí a Cesar Millán para ofrecerle mis servicios paseando a sus perros en su centro canino de la Baja California.  

Unos días después, puedo dejar de invertir creatividad en planes alternativos a mi stand by. De repente, tengo un ascenso. Cataplás. Dos proyectos en mis manos. Yuju.

Y es que la vida es imprevisible. O no? … Qué buena becaria habré sido pensarán algunos... Pues no. Aunque mi ilusidad ¿? me empuje a sentir inseguridad por lo merecido de este golpe de suerte, tengo que hacer un esfuerzo por mirar atrás. Y unir puntos. Porque no me he rendido. Porque no he trabajado por dinero. Porque he currado como una leona. Porque una vez sumergida en barro al menos me he puesto el bikini. Porque aun con la agenda vacía la he llenado con listas de la compra, cursos, opción a, b y c. Y c 1 c2 y c3 por si acaso. Porque mi cabeza no ha dejado de funcionar. Porque me levanto en sueños con nuevas ideas para afianzar un camino. Porque estoy segura del poder de la autodeterminación. Aunque sea con retardo, en direcciones imprevistas y sin climatizador. Porque he luchado y lucho por seguir luchando. Y sé que al final del camino no se alcanza el objetivo. Soy espartana. De las que corre sin mirar el reloj. De las que come yogures caducados. De las que no se rinde.  De las que ama la guerra. Porque sabe que en esa lucha (por sí misma y no en su final) está la verdadera meta.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Patito

Hablemos de mi perra. Y como no va a ser menos en esta historia, pues le pondremos un pseudónimo (que ella también tiene derecho a salvaguardar su identidad). La llamaremos patito. Patito es una collie preciosa (véase raza de Lassie si procede). Mi madre para meterla en casa dijo q se la había encontrado en medio de calle Larios sola y sin collar (un poco raro sí, pero viniendo de mi madre pues coherente). Al final la acogimos porque tiene como ojos de persona y un morrito picudo (de ahí lo de patito…). Pues eso, que es como la miss perra de la zona, y allá donde vaya todos se quedan mirando como obnubilados por su belleza y simpatía (sí, porque además parece cuando abre la boca que sonríe). 

Es lo más fiel que he conocido. Me acompaña hasta a hacer pipí. Y cuando estudié la oposición la tuve perennemente acostadita al lado de mi mesa de estudio. Cuando la dejo dormir en mi cuarto se acuesta siempre en el mismo sitio, cerquita mía. Y por la mañana se pone todavía más cerca dándose paseitos y mirándome mientras duermo como diciendo “ya es de día, me sacas? Me sacas? Me sacas? Porfi porfi porfi porfi”.

Antes de que cumpliese sus 13 años de perra la llevaba a correr conmigo siempre. Me ponía las zapatillas y a su lado los kilómetros se hacían menos. Yo voy por tierra y ella prefiere ir por encima del paseo, con lo que corremos al mismo ritmo pero separadas por el murito y es supergracioso. Cuando el murito se hace grande y nos separa ladra nerviosa rollo ansiedad por separación.

La última vez q la saqué a correr creo que le dio un desmayo o algo y cuando se levantó se fue a la carretera desorientada. No le pasó nada pero me tiré la noche llorando de pena de pensar que ya no puede correr conmigo. Y que pronto se morirá. Y solo será un recuerdo en mi vida. Un recuerdo peludo, fiel y cuya presencia en mi camino me ha aportado algo que solo algunos entenderán.

La unión a tu perro te enseña cosas… Te enseña cosas que no están en el plano de las explicaciones racionales. Te enseña a entenderte sin palabras. Te enseña lo que es el vínculo interespecie. Te enseña la importancia del hábito. Y el valor de la fidelidad.

Pues eso que cuando se muera ya no tendré q buscarle garrapatas. No tendré quien me espere moviendo el rabito cuando vuelva a casa. No tendré que cepillarla sacando bolachas de pelo rubio (que de vez en cuando ruedan por mi casa como los cardos esos del oeste desértico). No tendré que fabricar chubasqueros con bolsas del mercadona en los días de lluvia.

Y será más traumático que la muerte de chanquete. Y me vestiré de negro. Y ya no podré ver al encantador de perros durante un tiempo… No exagero. Que se me saltan las lágrimas de pensarlo. Y que está ahora al lado durmiendo y cada 5 minutos compruebo que respira… Es mi perrunáncana. Y lo único que me quedará cuando se muera es la ilusión por que cuando me toque lo de pasar el túnel con la luz ella me espere al otro lado moviendo el rabito…


viernes, 24 de septiembre de 2010

Sufrir - fácil, entender- difícil

Nunca he querido ir por el camino fácil. Y juzgar es fácil. Culpar a los demás es fácil. Señalar los errores es fácil. Criticar a las guapas. Putear a tu jefe. Odiar a las ex de tu novio. Etc. Etc. Etc. Dentro de todo eso, una de las cosas que considero más fácil es responsabilizar a los demás de tu propio sufrimiento. "Es que tú me has hecho daño". Por duro que sea, cuando el sufrimiento es grande, la mayor parte del mismo reside dentro de tí.

Siempre he tenido devoción por saber el porqué de las cosas. Y dentro de esas cosas, saber porqué la gente hace lo que hace y siente lo que siente me parece fascinante. Por qué un drogadicto se droga. Por qué una anoréxica no come. Por qué ese tío es así de borde. Por qué mi marido me pega. Por qué mi marido me pega y yo me dejo. Por qué una amiga se enfada... No solo por satisfacer la curiosidad. Sino porque te da herramientas para no sufrir y ayudar a no sufrir al resto.

Un ejemplo es llegar a aceptar que las cosas tienen la importancia que tienen por la interpretación que le damos. Entender que no hay verdades, que sólo hay puntos de vista. Y manejar eso en el día a día de las relaciones humanas. Todo esto no es difícil, es un auténtico desafío. Sobre todo con personas diferentes a nosotros. Y con personas que nos importan y de las que dependemos de algún modo.

Creo que lo más duro de eso es sobrellevar la relatividad de los hechos. Porque aceptar que un hecho puede estar bien o mal según se analice desde un punto o de otro es incómodo. Te deja muchas veces sin justificación para tu sufrimiento. Y te arrebata ese derecho de culpabilizar al otro. Quedántote solo ante tu dolor, con la única opción de modificar tu forma de sentirlo. Y eso es complicado.

 Ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos decía nosequién. Y eso, incluso ya adultos, hay gente que le cuesta trabajo verlo. Las películas Disney (y no Disney) han hecho gran daño a tal causa. Nuestra organización cerebral tampoco favorece tal misión. Porque la parte emocional "anula" la capacidad de razonamiento y cuando hay conflictos y algo te hace daño, el corazón manda. Porque a más fuerte el sufrimiento peor funciona nuestra cabeza. Ese dolor te ancla en tu punto de vista. Como ese niño que llora porque ha tropezado con el escalón.

El caso es ese, que enfadarse es fácil y sufrir también lo es (aunque no sea agradable). El camino difícil es analizar las cosas y no etiquetar lo que se ve, se escucha o se siente, a primera vista. Una de las claves que considero esencial para no sufrir absurdamente, es conocerse a sí mismo. Saber de qué pata cojeas es básico para saber si el plato te lo han tirado o se ha resbalado sobre tí. Responsabilizarse de lo que pasa en tu vida es esencial para aprender. Porque aprender es saber mejorar la herramienta más imprescindible de la vida (tú). Y por duro que sea, la lucha no está en cambiar al resto, está en hacerlo uno mismo.

domingo, 12 de septiembre de 2010

El vacío existencial

Hay días q la mente parece apagada o fuera de cobertura. Pero q a la vez los sentidos están como hipersensibles. Y en esos momentos me siento en un callejón sin salida. Porque no hay explicación racional a que se te escapen las lágrimas escuchando algo, tocando algo o viendo otra cosa. El siempre fuerte escudo de la racionalidad te abandona. Y te deja indefensa... ante lo que no es otra cosa que tú misma. Frente al mundo. Ante la incoherencia. La incertidumbre. La belleza incomprensible. El dolor. El placer. La vida. Ante la vida que puede tener un perro. A merced de lo que siente sin poder darle explicación. A merced de estar en un lugar donde no sabe porqué está.

A veces siento que siento demasiado. Me abruman días en los que el vacío se apodera de mí. Y me siento como una muñeca de porcelana hueca. Como en un mundo demasiado inabarcable. Y con una sensibilidad desbocada y una cabeza indomable. Mi vida parece una travesía en una colchoneta hinchable, donde se deja aparcada la profundidad que existe debajo. Como haciendo la vista gorda a la inmensidad del océano debajo de la superficie.

Entonces el sueño es un refugio donde separarte del mundo. El bolígrafo la única cosa en el mundo que parece traducir lo que te anuda la garganta. Y la comida, la droga o la telebasura una forma de mirar a otro lado. De seguir en esa superficie poniéndote morena, a salvo de medusas y hallazgos tan fascinantes como incómodos, sin pasar frío y en contacto visual con la fauna de a pie de la playa (osea domingueros, sombrillas asesinas y bikinis criticables). La diversión, las dependencias, incluso el humor son armas con las que obviar esa profundidad que a veces dejamos a un lado. La evadimos muchas veces por la dificultad de afrontarla y abarcarla sin sufrimiento. Ese sufrimiento del ser que se asoma a un precipicio, que cuanto más se acerca más profundo parece ser.

Al contrario que mucha gente, pienso que el sufrimiento a veces es necesario. Te manda mensajes, aunque sin formato. Te da un lienzo en blanco sobre el que expresar. Y te ayuda a encontrar caminos por los que volverte a reencontrar. Escuchar lo que uno siente a veces es más importante que interpretarlo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Mi santa madre

Mi mente a veces es un prisma con el que transformo la realidad en una tira cómica. Me pasa con todo. Y sobre todo en momentos claves de hipomanía o depresión. Estados anímicos extremos convierten mi cabeza como en un canal de dibujos animados.

En el momento en el que abro la puerta de casa de mi madre tal mecanismo no deja de funcionar. Encontrar la Epil Lady encima del microondas, espejos retrovisores en el cuarto de baño, un paragüero junto al wc  y pipis de perro sin limpiar en sucesivas esquinas es lo que tiene. Mi madre es un ser peculiar con una forma de vida algo cuestionable que pone mi equilibrio mental en riesgo de forma constante. Pero mi amor por ella y mi sentido del humor luchan por transformar esa realidad en algo llevadero.

Mientras limpio los pipís de perro, recojo sus bragas del bidé, vacío ceniceros y recoloco objetos de forma coherente, respiro como controlando contracciones e intento sonreír. A veces reconozco que la llamo (como esperando que me de una explicación coherente a su forma de vida) y con un tono como el que diriges a un niño le digo: “mamá... eee...hola, … que nada… que es que… me he encontrado que has transformado mi cesto de mimbre de la ropa sucia en un macetero (como con 7kilos de tierra sustentando un geranio y un cáctus juntos) y… no sé si preguntarte la razón de tal hecho... o directamente regarlo…”.

En tales momentos me quedo en standby, barajando siempre las mismas opciones:
a- chillar
b- suicidarme
c- llamar a Almodóvar
d- seguir limpiando pipís de perro

Suelo coger siempre la opción a (chillando pero bajito) y seguir con la d hasta que se me vaya de la cabeza la opción b. Y como no tengo el teléfono de Almodóvar procuro imaginarme el posible guión hasta que me da la risa. Y de repente, veo a mi madre alcohólica, con síndrome de Diógenes y enamorada crónica de politoxicómanos varios como protagonista de un próximo Óscar. Sólo a veces así mi vida recobra sentido.

Superhéroes

El que fue hace poco mi chico tiene muchas peculiaridades. A veces se depila todo menos el culo y parece que tiene un tenue calzoncillo de pelo cuando está en pelotillas. Odia verme hacer pis y siempre me cierra la puerta del baño poniendo la misma cara de indignación. Siempre que expulsa gases hace un ruido a destiempo con cualquier otra cosa (con la suela del zapato, la tapa del wc o dando golpes a la pared) como no renunciando a intentar disimularlo. Se acuerda de los dibujos que tenía mi vestido el día que me conoció y desde entonces no dejó de luchar por gustarme. Todavía hoy se levanta el flequillo justo antes de que nos veamos e intenta dejarse barba porque sabe que me encanta. Cada 3 semanas le entra un ataque de pánico al compromiso y me pregunta si lo dejamos. Tenemos una hija imaginaria de dos años (como la niña de Monstruos S.A.) a la que siempre aludo cuando nos peleamos. Cuando le pido que me baile un poco lo hace (en plan fama, superdivertido). Y siempre que de noche me pica un mosquito se levanta y se pone en guardia para buscarlo y matarlo sin piedad. Es supernoble, es un guerrero y siento que a su lado todo es sencillo.

Además de todo eso, tiene un sobaco como un poco grande que siempre huele bien y a veces tiene pelos superlargos. Al hilo de esto último, a veces le cuento historias sobre un superhéroe imaginario “Zuperzobaco man"... El otro día estaba en la playa tumbado enseñando su supersobaco y dije así:

Zuperzobaco man recorre laz playaz alerta de que la humanidad lo necezite. Mientraz duerme, zu zentido zobáquido detecta loz gritoz de loz niñoz que ze ahogan en el mar… con zuz zuperpeloz ez capaz de rezcatarloz zin necezidad de acercarze a la orilla… A la vez que loz peloz de zu otro zobaco echan crema zobre laz perzonaz para que no dezarrollen un cancer de piel…

Aún hoy, siento que lo quiero tanto porque juntos convertimos nuestro día a día en una serie de televisión. Tengo total fe de que si nos viesen por un agujero nos ficharían para la Paramount Comedy.