Hablemos de mi perra. Y como no va a ser menos en esta historia, pues le pondremos un pseudónimo (que ella también tiene derecho a salvaguardar su identidad). La llamaremos patito. Patito es una collie preciosa (véase raza de Lassie si procede). Mi madre para meterla en casa dijo q se la había encontrado en medio de calle Larios sola y sin collar (un poco raro sí, pero viniendo de mi madre pues coherente). Al final la acogimos porque tiene como ojos de persona y un morrito picudo (de ahí lo de patito…). Pues eso, que es como la miss perra de la zona, y allá donde vaya todos se quedan mirando como obnubilados por su belleza y simpatía (sí, porque además parece cuando abre la boca que sonríe).
Es lo más fiel que he conocido. Me acompaña hasta a hacer pipí. Y cuando estudié la oposición la tuve perennemente acostadita al lado de mi mesa de estudio. Cuando la dejo dormir en mi cuarto se acuesta siempre en el mismo sitio, cerquita mía. Y por la mañana se pone todavía más cerca dándose paseitos y mirándome mientras duermo como diciendo “ya es de día, me sacas? Me sacas? Me sacas? Porfi porfi porfi porfi”.
Antes de que cumpliese sus 13 años de perra la llevaba a correr conmigo siempre. Me ponía las zapatillas y a su lado los kilómetros se hacían menos. Yo voy por tierra y ella prefiere ir por encima del paseo, con lo que corremos al mismo ritmo pero separadas por el murito y es supergracioso. Cuando el murito se hace grande y nos separa ladra nerviosa rollo ansiedad por separación.
La última vez q la saqué a correr creo que le dio un desmayo o algo y cuando se levantó se fue a la carretera desorientada. No le pasó nada pero me tiré la noche llorando de pena de pensar que ya no puede correr conmigo. Y que pronto se morirá. Y solo será un recuerdo en mi vida. Un recuerdo peludo, fiel y cuya presencia en mi camino me ha aportado algo que solo algunos entenderán.
La unión a tu perro te enseña cosas… Te enseña cosas que no están en el plano de las explicaciones racionales. Te enseña a entenderte sin palabras. Te enseña lo que es el vínculo interespecie. Te enseña la importancia del hábito. Y el valor de la fidelidad.
Pues eso que cuando se muera ya no tendré q buscarle garrapatas. No tendré quien me espere moviendo el rabito cuando vuelva a casa. No tendré que cepillarla sacando bolachas de pelo rubio (que de vez en cuando ruedan por mi casa como los cardos esos del oeste desértico). No tendré que fabricar chubasqueros con bolsas del mercadona en los días de lluvia.
Y será más traumático que la muerte de chanquete. Y me vestiré de negro. Y ya no podré ver al encantador de perros durante un tiempo… No exagero. Que se me saltan las lágrimas de pensarlo. Y que está ahora al lado durmiendo y cada 5 minutos compruebo que respira… Es mi perrunáncana. Y lo único que me quedará cuando se muera es la ilusión por que cuando me toque lo de pasar el túnel con la luz ella me espere al otro lado moviendo el rabito…
Tu si que eres una perrunáncana... me has hecho llorar :')
ResponderEliminarHaces unos textos preciosos. Te expresas de una forma llana, simpatica y emocional a la vez. Es un gustazo leerte y ver las cosas desde ese punto de vista que a veces nos cuesta tanto adquirir.
Me identifico contigo.
Un besito.
¡¡Gracias preciosa!!
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