domingo, 12 de septiembre de 2010

El vacío existencial

Hay días q la mente parece apagada o fuera de cobertura. Pero q a la vez los sentidos están como hipersensibles. Y en esos momentos me siento en un callejón sin salida. Porque no hay explicación racional a que se te escapen las lágrimas escuchando algo, tocando algo o viendo otra cosa. El siempre fuerte escudo de la racionalidad te abandona. Y te deja indefensa... ante lo que no es otra cosa que tú misma. Frente al mundo. Ante la incoherencia. La incertidumbre. La belleza incomprensible. El dolor. El placer. La vida. Ante la vida que puede tener un perro. A merced de lo que siente sin poder darle explicación. A merced de estar en un lugar donde no sabe porqué está.

A veces siento que siento demasiado. Me abruman días en los que el vacío se apodera de mí. Y me siento como una muñeca de porcelana hueca. Como en un mundo demasiado inabarcable. Y con una sensibilidad desbocada y una cabeza indomable. Mi vida parece una travesía en una colchoneta hinchable, donde se deja aparcada la profundidad que existe debajo. Como haciendo la vista gorda a la inmensidad del océano debajo de la superficie.

Entonces el sueño es un refugio donde separarte del mundo. El bolígrafo la única cosa en el mundo que parece traducir lo que te anuda la garganta. Y la comida, la droga o la telebasura una forma de mirar a otro lado. De seguir en esa superficie poniéndote morena, a salvo de medusas y hallazgos tan fascinantes como incómodos, sin pasar frío y en contacto visual con la fauna de a pie de la playa (osea domingueros, sombrillas asesinas y bikinis criticables). La diversión, las dependencias, incluso el humor son armas con las que obviar esa profundidad que a veces dejamos a un lado. La evadimos muchas veces por la dificultad de afrontarla y abarcarla sin sufrimiento. Ese sufrimiento del ser que se asoma a un precipicio, que cuanto más se acerca más profundo parece ser.

Al contrario que mucha gente, pienso que el sufrimiento a veces es necesario. Te manda mensajes, aunque sin formato. Te da un lienzo en blanco sobre el que expresar. Y te ayuda a encontrar caminos por los que volverte a reencontrar. Escuchar lo que uno siente a veces es más importante que interpretarlo.

1 comentario:

  1. Conozco lugar. Y cuando miro al espejo, veo a un perdedor, porque mis historias saben a Bourbon, a piel ajada y madera. Esas que imaginas con el cenicero lleno de cigarros y remordimientos, mientras tallas una muesca más en el revolver ¿La última? Me pregunto. Entonces,me sumerjo en el encanto de la melancolía, sabiendo que una vez jugué a ganar. Pero perdí. Yo al menos probé suerte, y ya solo queda el pasado, una opción imposible para quien pide otra carta, y dobla la apuesta. Y paga otra ronda. Otra mentira, otra disculpa y otra cuenta pendiente porque, maldita sea, a la vida hay que follársela sin compasión.

    Un beso desde el camino, a veces se gana.

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