jueves, 7 de marzo de 2013

HOLA



Un año y medio después: Hola. Una vez alguien me dijo que cuando uno empieza algo ya tiene la mayor parte del trabajo hecho. Y yo con un hola empiezo más o menos todo. Con un hola y poniendo ojitos. Así que, nada: Hola.

Un año y medio después me siento aquí delante y reflexiono sobre lo que me hizo dejar de sentarme aquí delante. Y volviendo al post anterior, sobre los miedos y el tic tac y los tiempos y todoesesermónqueosechésuperbonitoyverdaderoyauténticamenteimportante, pues todo eso que dije, me lo pasé por el forro. Básicamente. (He intentado buscar sinónimos para “forro” pero comprenderéis que era peor el remedio que la enfermedad).

Total, que me doy cuenta de que dejé no solo de publicar sino de escribir cosas porque me entró un ataque de inseguridad en mi aptitud narrativa y  una ola de pudor y autocensura basada en el soberbio axioma de “si no lo haces bien, no lo hagas”. Porque claro, yo no soy escritora. De hecho, no sé lo que soy. De hecho, no sé si soy algo. Pero, de hecho: ¿es que alguien lo sabe?

Pues eso, la inseguridad. Y esa inseguridad sobre la propia competencia viene de mano de personas imaginarias que se ponen en miniatura en tu hombro y te susurran: “Quilla, ¿qué haces? / Pff valiente porquería que estás haciendo… / La mediocridad hay que erradicarla del mundo. / Y tú quieres escribir? / Y bla bla bla”. Personas que en un momento dado de tu vida te muestran una manera de entender el mundo basada en unos rígidos criterios de lo correcto y lo incorrecto, de la calidad y la mediocridad, de lo que es o no talento... que identificarás por su capacidad de deslumbrar al personal con su uniforme de seguridad en sí mismos y de provocar en quien les escucha una sensación de volverte más insignificante que un trocico de pan en el catering de la boda de Alfonso de Borbón.

Esa gente a veces levanta grandes imperios y provoca modas, religiones, ideales o genocidios. Pero, ¿realmente hacen bien lo que hacen? ¿Realmente el éxito o reconocimiento que tienen está ligado a su competencia? ¿Realmente es importante tener competencia en algo para hacer lo que te salga de los cojones? ¿Realmente cuando haces lo que te sale de los cojones tiene derecho alguien a decirte lo que le sale de los cojones? Sí. Puede. No sé. Yo qué sé.

El caso es que yo he vuelto a escribir. Con mi teclado con restos de pipas. Con mi pijama de Hello Kitty. Con mi complejo de que el mundo es demasiado hostil para mi falta de talento y fragilidad. Y vuelvo a escribir porque al final me he pasado por el forro lo que determinadas personas imaginarias me dicen por encima de mi hombro. Porque en el hombro también se queda la caspa y porque hasta la caspa tiene derecho a caerse y escribir lo que le dé la gana. Porque si todos hiciéramos solo lo que se nos da bien hacer, el mundo sería un lugar lleno de Ristos Mejide señalando con el dedo, y porque al final de lo que se trata es de tolerar que uno nunca podrá ser ni hacer nada perfecto. Que la mediocridad es una genialidad, según la escuadra y el cartabón que la mide, y que estamos en el mundo para hacer, con todos los respetos, loquenossaledeloscojoneshacer. Y a mí lo que me sale es esto.

3 comentarios:

  1. Personalmente, la palabra "mediocridad" o "mediocre" me repatea el hígado. Casi siempre la usan mitómanos que se creen genios, pero que, casualmente, tienen vidas y capacidades de lo más normales. Que critican la normalidad, pero ofenden ante lo diferente. O lo desprecian, porque no es el tipo de genialidad que ellos consideran adecuada. K. Wina, aunque sólo existiese en el mundo alguien a quien tus escritos sirviesen para reflexionar, disfrutar, reír o llorar, y esa fueras tú, lo que escribes tendría un valor incalculable. A mi modo de ver, es tan patético el rechazo a lo normal, a lo medio (que algunos ensucian llamando mediocridad), como el rechazo a lo diferente, lo genial, lo original. De hecho, bien podrían ser dos extremos que se tocan.

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  2. Creo que he buscado varias veces las palabras que tú has utilizado para explicar lo que tú has hecho. Los genios de ayer envidian la normalidad de los genios del mañana. La relatividad de la genialidad. La relatividad de lo envidiable.

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