lunes, 25 de octubre de 2010

Tras la Red Social

Cuando salgo del cine, mi mente está tan noqueada por las moralejas internas que se me desencadenan que el que a veces me acompaña me tacha de autista. La verdad en que en esos y otros momentos soy muy selectiva con el tipo de comentarios que quiero atender. Será una clase de elitismo mental o algo porque en realidad hasta me molesta en algún instante que me puedan enturbiar mis reflexiones post-peli.
Supongo que quien me conoce sabe que mi mundo interno es un universo aparte. Y que cuando mi mirada se pierde y mi cerebro se acoraza es mejor dejarme. Aprecio a la gente que así lo acepta y que no se lo toma a mal.

Este ha sido también el caso tras ver La Red Social.

Siempre procuro, tras ver, sentir o pensar alguna cosa (sea film, conversación, libro o paseo con perros) el analizarla. El ver qué quiero sacar de ahí. Qué mensaje, qué lección, qué producto quiero meter en mi carro de la compra. Porque la vida (y más la mental) es como estar en un supermercado inmenso de donde saber seleccionar te condiciona no sólo el peso de tu cartera sino tu celulitis emocional y el ritmo de tus neuronas.

En la peli se avista la historia de un chico, algo más que inteligente… que es capaz de hacer  el carro de la compra más productivo de los últimos tiempos. Se me mezclan muchas ideas que no sé si ya tienen que ver unas con otras o no. Pero subrayo varias clave-productos estrella como sacadas de un folleto de promoción. Ahí van:

La fragilidad de las ideas… La relatividad de la originalidad de las mismas. Realmente la persona más inteligente no es quien es capaz de idearla si no la susceptible de llevarla a la realidad. La inteligencia práctica, lo que convierte a alguien inteligente en alguien listo. Y la importancia de analizar de lo que ese paso depende… El no tener miedo, el trabajar, el querer avanzar, el inconformismo, la defensa de tus principios, la creación de tus propias normas… la lucha hacia metas que no persiguen billetes de colores. Las que buscan un sentido a tus ideas y tu labor.

El valor del aprendizaje. No sé qué falla en la educación (o mejor decir, no sé qué no falla) pero ojalá la gente tuviese clara la importancia de aprender, trabajar, estudiar, de crear… y labrar un camino con el esfuerzo, no para conseguir un trabajo, no para ganar dinero. Sino para ser quien uno quiere ser. Para conocerse, para conocer el mundo, para vivir… para elegir un camino y para que ese camino no te encuentre a ti. Esa es la verdadera lucha, joder. Y no entiendo cómo se pierden cerebros y cerebros en el intento, que al final son cabecitas que aspiran a llegar a fin de mes y a ponerse cuanto antes las mechas.

El valor de la elección de las personas que te rodean. Creo que mucha de esa inconsciencia también la tenemos a la hora de invertir el tiempo con la gente que nos rodea. La pregunta es ¿elegimos a los amigos/as? Y la otra es ¿estamos seguros de por qué?... Me entristece reconocer que, al igual que pasa con la televisión, muchas veces terminamos eligiendo un canal porque “no hay otra cosa” o simplemente nos “entretiene”… Y siendo, yo la primera que peca de ello, queridos todos reconoceré que eso es pecado mortal. Porque… volviendo al supermercado: nuestros logros, nuestra propia identidad y nuestra felicidad depende de que, ese supuesto carro de la compra sea realizado de la forma más inteligente, intencional y productiva posible. Y todo elemento que empape nuestro tiempo y así nuestro cerebro y nuestras vidas debería ser elegido, no simplemente recibido tal cual.

A lo mejor entre tanta clave, mi cerebro anda sobreexitado con el sobrestock de palomitas, pero bueno. Ahora entendereis porqué cuando salen los créditos y me dirigen comentarios tipo “tía me entran ganas de abrir el facebook q te cagas” dude entre escupir palomitas, suicidarme butacas abajo o meterme en mi reserva elitista mental.

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