sábado, 30 de octubre de 2010

Si no hubiese segundas oportunidades

Tengo una amiga muy inteligente (…bueno, varias). El caso es que, la más bella y profunda de ellas me sorprendió el otro día exponiendo lo siguiente:

Amiga bella -> "¿Y si no hubiese segundas oportunidades? ¿No nos esforzaríamos más? ¿No aprenderíamos más rápido? ¿No seríamos más felices? ¿No aprovecharíamos más la vida??"

Yo -> "Si no hubiese segundas oportunidades… Si no hubiese segundas oportunidades… Si no hubiese segundas oportunidades......"

Y de repente, un sin fin de hipótesis me abordaban el cerebro… como rebelándome ante el hecho de que la amiga más cerebralmente competente me estuviese defendiendo tal estupi-hipótesis. Y ante tal estupipótesis me rebelé con un sinfín de estupicontrahipótesis.

Si no hubiese segundas oportunidades. Si no hubiese segundas oportunidades viviríamos como encorsetados con una presión psicológica de la leche. Sería como un todo o nada. Yo me moriría de estrés y me saldría psoriasis hasta en el globo ocular. No habría espontaneidad ni creatividad. Todos iríamos a la apuesta segura. El mundo tendría por bandera un sinfín de eslóganes conservadores tipo “pan para hoy… cría cuervos… más vale pájaro en mano” y tal.

Si no hubiese segundas oportunidades no existirían los programas tipo Hermano mayor y Gran hermano vip. Las teleoperadoras de Orange se morirían de aburrimiento o de agobio impidiendo cambios infinitos de operador. La mayoría de mis amigos, delincuentes o drogadictos estarían fuera del juego. Los niños que salen en Supernanny quedarían a la mano de Dios. Tamara/Ambar/Yurena se habría quedado sin nombre a la primera de cambio.

Si no hubiera segundas oportunidades viviríamos en un elitismo mental donde no se respetarían los distintos ritmos de aprendizaje. Cada vez que hiciésemos algo nuevo sería como selectividad, hasta para aprender a atarnos los cordones. Si no diéramos segundas oportunidades no nos quedarían amigos, sólo nos quedarían los del Facebook. No existiría ni por asomo anatomía de Grey y hubiésemos lapidado a House en el minuto uno. Adiós también a las segundas partes de películas. Las series serían un sin fin de entrar y salir personajes, aunque adiós también al paro de actores. Las relaciones serían o estables o inexistentes. No existirían las reconciliaciones y por tanto adiós al sexo de reconciliación (Dios noooo). Creo que las ex pejigueras serían más pejigueras todavía. Todos viviríamos como con un post-it cerebral perenne diciendo ¿qué hubiera pasado si…? Seguro que no existiríamos la mayoría de nosotros. Lidia Lozano trabajaría en un Mercadona.

Si no hubiera segundas oportunidades sería como si todos los juegos terminasen nada más empezar. Como un cara o cruz. No podríamos afrontar los miedos. No nos dejarían saldar cuentas pendientes. No podría haber reinserción, ni podríamos plantearnos ni por asomo la reencarnación. Quizá no existirían los transplantes, sobre todo para los cirróticos. Los gordos o flacos y los calvos lo serían para siempre. No existirían ni el Gym Body 8, ni el Biomanán, ni los crecepelos tampoco. Ni siquiera el Just for men. Ahora que lo pienso tampoco existirían las tetas de plástico. Adiós a la cirugía en general. Dios ¿cómo sería entonces Cher?? Michael Jackson a lo mejor no habría muerto. Adiós por cierto también a Nip Tuck. Kate Moss también iría a echar currículum al Mercadona.

Si no hubiera segundas oportunidades quizá en nuestros errores no tendríamos tanto cargo de conciencia. No habría riesgo de tropezar con la misma piedra. Todas serían distintas y el camino sería más recto. Quizá los golpes no fuesen repetidos en el mismo sitio. Quizá no lloviese sobre mojado. Pero si no hubiese segundas oportunidades… se perdería la esencia del esfuerzo. Porque las segundas oportunidades permiten que, en la libertad de elegir no volver a equivocarse, esté el verdadero valor de la acción.

viernes, 29 de octubre de 2010

¿...y por qué mi blog?

El otro día me preguntaron sobre el sentido de mi blog. Y me pillaron un poco vulgarmente dicho en bragas. Supongo que cuando uno hace un blog debería tener clara la intencionalidad de sus escritos, los valores a transmitir, el público al que se dirige, bla bla bla bla bla bla. Me puse a reflexionar entonces sobre la adecuación o no de palabras como bragas, joderes, pedos, etc. Me puse a analizar entonces la necesidad o no de hablar de mi vida tal cual así la vivo. Me planteé muchos capítulos que, dependiendo de quien los lea…. Pues me daría más o menos repelús. Reflexioné sobre si estas páginas reflejan mi valía profesional, mi cv, mi cociente intelectual,…  Y luego también valoré si de aquí se desprende mi calidad humana, mis actitudes, mis yoquesécuantascosas más.

Unos cuantos minutos u horas o días después… dije: al carajo.

Esto es una ventana a mi mundo interno. Esto es un cajón abierto a muchas páginas que quizá mañana queden muertas si me atropella un autobús. Esto es mucho más que un fondo de caramelos con experiencias sembradas de palabras poco glamurosas. Es mi forma de ver y transformar el mundo. Es mi desagüe de expresión. Es mi impulso a la reflexión, a la conciencia sobre el porqué de las cosas. Es un empujón hacia el lado positivo de la vida. Es realismo y surrealismo jugando a expresar lo mismo. Es un lápiz de creatividad capaz de reescribir todo lo que nos llega, nos duele o nos hace reir… Un lápiz al que saco punta cada vez que me siento ante el portátil. Tal cual. Sin miedo. Y sin goma de borrar.

De pequeña me encantaban las manualidades. Y he aquí una más. Hecha de transparencia y  espontaneidad que quien me conoce, reconoce. Barnizada con sentido del humor, evitando que el dibujo se pierda. Tengo una cartulina que sustenta todo, que se llama necesidad incombustible de análisis. Y una barra de pegamento que siempre llevo en mano para luchar contra el sufrimiento de uno mismo y de los demás. Los trozos de cosas que vivo, que aprendo y que cada día llenan mi cerebro de interrogaciones también llenan lo que dejo aquí. Y la herramienta base de la Psicología es mi mesa de trabajo. Lo demás que escondo (como persona y profesional) se queda mucha mucha distancia por delante o detrás de mis palabras.

Este es mi pequeño collage. Mi ventana donde gritar sin miedo a que miren los vecinos. Mi dibujo del mundo. Y el resto de palomitas que encuentro a veces en el bolso. Que os llegue, os las comáis o no, creo que ya… es cosa vuestra.

lunes, 25 de octubre de 2010

Tras la Red Social

Cuando salgo del cine, mi mente está tan noqueada por las moralejas internas que se me desencadenan que el que a veces me acompaña me tacha de autista. La verdad en que en esos y otros momentos soy muy selectiva con el tipo de comentarios que quiero atender. Será una clase de elitismo mental o algo porque en realidad hasta me molesta en algún instante que me puedan enturbiar mis reflexiones post-peli.
Supongo que quien me conoce sabe que mi mundo interno es un universo aparte. Y que cuando mi mirada se pierde y mi cerebro se acoraza es mejor dejarme. Aprecio a la gente que así lo acepta y que no se lo toma a mal.

Este ha sido también el caso tras ver La Red Social.

Siempre procuro, tras ver, sentir o pensar alguna cosa (sea film, conversación, libro o paseo con perros) el analizarla. El ver qué quiero sacar de ahí. Qué mensaje, qué lección, qué producto quiero meter en mi carro de la compra. Porque la vida (y más la mental) es como estar en un supermercado inmenso de donde saber seleccionar te condiciona no sólo el peso de tu cartera sino tu celulitis emocional y el ritmo de tus neuronas.

En la peli se avista la historia de un chico, algo más que inteligente… que es capaz de hacer  el carro de la compra más productivo de los últimos tiempos. Se me mezclan muchas ideas que no sé si ya tienen que ver unas con otras o no. Pero subrayo varias clave-productos estrella como sacadas de un folleto de promoción. Ahí van:

La fragilidad de las ideas… La relatividad de la originalidad de las mismas. Realmente la persona más inteligente no es quien es capaz de idearla si no la susceptible de llevarla a la realidad. La inteligencia práctica, lo que convierte a alguien inteligente en alguien listo. Y la importancia de analizar de lo que ese paso depende… El no tener miedo, el trabajar, el querer avanzar, el inconformismo, la defensa de tus principios, la creación de tus propias normas… la lucha hacia metas que no persiguen billetes de colores. Las que buscan un sentido a tus ideas y tu labor.

El valor del aprendizaje. No sé qué falla en la educación (o mejor decir, no sé qué no falla) pero ojalá la gente tuviese clara la importancia de aprender, trabajar, estudiar, de crear… y labrar un camino con el esfuerzo, no para conseguir un trabajo, no para ganar dinero. Sino para ser quien uno quiere ser. Para conocerse, para conocer el mundo, para vivir… para elegir un camino y para que ese camino no te encuentre a ti. Esa es la verdadera lucha, joder. Y no entiendo cómo se pierden cerebros y cerebros en el intento, que al final son cabecitas que aspiran a llegar a fin de mes y a ponerse cuanto antes las mechas.

El valor de la elección de las personas que te rodean. Creo que mucha de esa inconsciencia también la tenemos a la hora de invertir el tiempo con la gente que nos rodea. La pregunta es ¿elegimos a los amigos/as? Y la otra es ¿estamos seguros de por qué?... Me entristece reconocer que, al igual que pasa con la televisión, muchas veces terminamos eligiendo un canal porque “no hay otra cosa” o simplemente nos “entretiene”… Y siendo, yo la primera que peca de ello, queridos todos reconoceré que eso es pecado mortal. Porque… volviendo al supermercado: nuestros logros, nuestra propia identidad y nuestra felicidad depende de que, ese supuesto carro de la compra sea realizado de la forma más inteligente, intencional y productiva posible. Y todo elemento que empape nuestro tiempo y así nuestro cerebro y nuestras vidas debería ser elegido, no simplemente recibido tal cual.

A lo mejor entre tanta clave, mi cerebro anda sobreexitado con el sobrestock de palomitas, pero bueno. Ahora entendereis porqué cuando salen los créditos y me dirigen comentarios tipo “tía me entran ganas de abrir el facebook q te cagas” dude entre escupir palomitas, suicidarme butacas abajo o meterme en mi reserva elitista mental.

sábado, 23 de octubre de 2010

Estrategia en el sentimiento

Creo que una cosa que diferencia a las personas que consiguen el éxito de las que no, son la frialdad en sus decisiones. La planificación. La consciencia. El análisis. La estrategia. La valentía. La coherencia. El egoísmo.

Esa forma de apostar en la que cada paso que se da se realiza por algo. Aunque ese algo aparezca posteriormente en el plano de la consciencia. Esa forma de potenciar las capacidades a través del prisma de la estrategia. Esa forma de conectar lo que uno quiere, lo que uno tiene y lo que el mundo le ofrece y necesita.

Admiro esa capacidad. Y la venero en muchas de las figuras que me rodean, aunque ellos no lo sepan. Intento empaparme de ella. Tira de una parte de mí que a veces aparto para evitar esa autoexigencia que a veces me surte de psoriasis, de estrés y de logros (satisfactorios pero progresivamente insuficientes). Tiran de la parte más racional, más calculadora y más inteligentemente práctica. Creo que esa quizá sea la parte que marque la diferencia entre ser un trabajador mediocre (mileurista o no) o ser un profesional emprendedor con éxito.

Lo que muchas veces me pregunto es si esa parte será también la que marque ese paso entre casarse con un buen hombre o seleccionar al hombre de tu vida.

Esa racionalización, ese cálculo, esa estrategia, ese egoísmo y esa coherencia a veces se vienen abajo cuando se trata del corazón. Las decisiones emocionales ya no se mueven en ese plano. Y ese CI, ese analismo y esa consciencia a veces sirve tanto como una termomix en una tienda de campaña. Como una nevera en el ártico. Como un cascabel para un gato de escayola.

A veces me me frustra. Me jode. Me revienta.  Porque no sé si es una cuestión de género (a la mujer nos puede el sentimiento?), de debilidad personal (no soy lo suficiente valiente?) o de principios (podemos vivir la vida dejando a un lado lo que nos dictan los sentimientos?).
Lo cierto es que admiro a esa gente que sabe lo que quiere, que sabe cómo conseguirlo y que lo lleva a cabo. Y no sé si Bill Gates o Ray Kroc así también en el plano relacional. Es decir, esa capacidad de tomar decisiones difíciles, sopesando ganancias y pérdidas, jugando siempre con las mejores cartas o tirándose en condiciones un farol, la aplican a la hora de marcar su camino sentimental. Dejando a un lado los panes para hoy y hambre para mañana.

Hago un esfuerzo por cerrar los ojos imaginándome a Bill peleándose con su mujer en plan calzonazos. Intento visualizar a Kasparov pasando los días al lado de una jovencita que ha ido a parar a su lado sin ningún árbol de decisión previo. Veo a Eduardo Punset contra sus sentimientos mirándose al espejo intentando aplicar todo ese maremagnum de teorías a su vida amorosa.Y no estoy segura de lo que puede haber detrás de los muros de su casa. Detrás de los muros de su cerebro racional. Detrás de su éxito profesional. Detrás de su recorrido.

Y no sé si se tratan de reglas que mandan sobre lo mismo. No estoy segura de que una misma filosofía enraice esas áreas. No estoy nada segura de que uno pueda aplicar esas herramientas a todo. No estoy nada nada segura. Y lo dudo tanto que vacilo a la hora de ser valiente y que mi camino esté tan calculado. Tan analizado. Y sea tan consecuente. No sé si es una cuestión de cobardía o de valentía. No sé si el apostar por lo que se siente a pesar de que los datos te frenen es de miedicas o de lo contrario. No sé si el jugar con cartas buenas sólo de corazón es infantil o simplemente honrado…. No sé.

No sé si elegir a alguien porque me tira la entraña es tan irracional como primitivo. No sé si seguir la inercia de la piel me empuja hacia el vacío de la incertidumbre. Hacia el abismo del fracaso. No sé si sería más inteligente considerar los factores que incrementan las posibilidades del producto de la potencia de la raíz cuadrada de la satisfacción en pareja. Pero me debato siempre entre los cosenos de la raíz cuadrada de todas esas claves… o mandar a tomar por saco la calculadora y mover el rabito como un perro con su felicidad inmediata.

miércoles, 6 de octubre de 2010

unir los puntos

Recuerdo muchas veces las palabras de Steve Jobs. Los puntos en tu vida a veces sólo pueden unirse una vez recorridos. Yo siempre he tenido facilidad para ver ese camino. O inventármelo. Creo que soy de las llamadas optimistas empedernidas. De las que le intentan encontrar un sentido hasta al hecho de pisar un pipí de perro. De las que creen en el destino. El destino que uno crea. El que uno escribe sobre unas líneas ya esbozadas… sin saberlo. El destino y la fuerza.

Pues eso. Que yo soy de las que cuando al coche se le pincha la rueda da gracias al cielo por no haber tenido un accidente. Que cuando se le pierden cincuenta euros piensa que mejor eso que perder la tarjeta. Que cuando pierde el tren piensa que en el siguiente puede que encuentre al hombre de su vida… De las que ve señales donde quizá solo haya suerte. De las que veneran la serie Lost. Y de las que por ello todavía aún brinda por Jack.

Hace dos semanas lidiaba contra mi intolerancia a la incertidumbre laboral. Me autofustigaba a golpe de clic sobre ofertas del infojobs. Rasgando mi currículum invocando los miles de euros invertidos en él. Planeando ahorcarme con las típicas medias tupidas de entrevista de trabajo. Y preguntándome una y otra vez (como dijo un alguien a quien admiro) por qué soy un Cristiano Ronaldo jugando en tercera regional.

En tal momento crítico, una no sabe si mañana será diputada, quizá puta o el p lastre de la jubilación de sus padres. No sabes si eres la futura Amancia Ortega o un potencial concursante de gran hermano. Te debates entre montar tu empresa o poner copas en un bar hortera. Joder. Yo sólo os diré que escribí a Cesar Millán para ofrecerle mis servicios paseando a sus perros en su centro canino de la Baja California.  

Unos días después, puedo dejar de invertir creatividad en planes alternativos a mi stand by. De repente, tengo un ascenso. Cataplás. Dos proyectos en mis manos. Yuju.

Y es que la vida es imprevisible. O no? … Qué buena becaria habré sido pensarán algunos... Pues no. Aunque mi ilusidad ¿? me empuje a sentir inseguridad por lo merecido de este golpe de suerte, tengo que hacer un esfuerzo por mirar atrás. Y unir puntos. Porque no me he rendido. Porque no he trabajado por dinero. Porque he currado como una leona. Porque una vez sumergida en barro al menos me he puesto el bikini. Porque aun con la agenda vacía la he llenado con listas de la compra, cursos, opción a, b y c. Y c 1 c2 y c3 por si acaso. Porque mi cabeza no ha dejado de funcionar. Porque me levanto en sueños con nuevas ideas para afianzar un camino. Porque estoy segura del poder de la autodeterminación. Aunque sea con retardo, en direcciones imprevistas y sin climatizador. Porque he luchado y lucho por seguir luchando. Y sé que al final del camino no se alcanza el objetivo. Soy espartana. De las que corre sin mirar el reloj. De las que come yogures caducados. De las que no se rinde.  De las que ama la guerra. Porque sabe que en esa lucha (por sí misma y no en su final) está la verdadera meta.