Y sienten que su autosuficiencia peligra, su corazón pierde el alicatado con el que cubrieron su pared. Sienten eso de tener miedo a que el otro se muera, pille cáncer, frío por las noches y toda la pesca. Sienten eso de querer hacer cosas con el otro, dormir, ir al Lidl, al Tívoli, a Cuenca. Sienten eso de sentirse adolescente en un capítulo de Sensación de Vivir. Sienten eso de lo que viene siendo querer matar a todas las zorras que quieran acostarse con él o le toquen el pelo. Lo típico.
En fin. Toda esa bonita mierda.
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