lunes, 30 de agosto de 2010

Extraños en mi toalla

Hay un fenómeno que debería ser analizado por los más prestigiosos físicos y sociólogos. Pongámonos en situación: playa, tumbada, relajada, escuchando el mar, notando las gotitas de agua secándose sobre mi piel... cuando... tachán: una pareja que acude a la playa planta sus bártulos como a doce centrímetros de mi punto de ubicación.
Están tan cerca que puedo ver los pelos de las piernas de las ingles de la recién llegada. Cuando abren la sobrilla casi me sacan un ojo. La muchacha se abanica y provoca el movimiento de mis cabellos. El hombre se estira y casi me araña con las uñas de sus pies. Y ahí es cuando tengo que invocar a Sidartha para que me devuelva el equilibrio mental que tanto dinero en terapia requisó. Porque mi vena Olimpia (Física o química) hace que les lance una mirada con la que casi le quito el nudo del bikini a la muchacha en cuestión.
 Respiro y me pregunto: ¿es que en la playa hay un fenómeno paranormal que anula la capacidad de respetar los espacios vitales? ¿es que sobre la arena la gente deja de calcular bien las distancias?  ¿es que me quieren mangar el bolso o es que quieren que les chupe los pies?

domingo, 22 de agosto de 2010

Las piedras en el camino

En la búsqueda de sentido en nuestras vidas a veces encontramos piedras curiosas con las que tropezar. En muchos momentos, esa lucha por recobrar el equilibrio caída tras caída hace que olvidemos mirar al suelo con una interrogación. Yo llevo ese signo de interrogación en la cabeza desde que Espinete y compañía llenaban mi vida mental. Ahora también distraigo ese ¿? con programas como GH, excesos de azúcar sintético y running ilimitado. Pero nada de eso aplaca mi sed reflexiva. Y los cuadernillos de cuadros con portada rollo Wini de Poo empiezan a ser insuficientes.


La búsqueda de sentido a mi vida deja piedras con caritas sonrientes, emoción desmedida y conclusiones a veces dignas de Punset. Nunca he sido de tirar piedras al río. Yo era más de guardarlas en el bolsillo hasta que se me caía el pantalón. Y a mis años enseñar el trasero no creo q sea menester... Un cajón donde guardarlas es la mejor solución q encuentro a ese peso a través del camino.